Derecho internacional, Ucrania e industria de defensa: claves estratégicas del Consejo Europeo de marzo.

Edificio Justus Lipsius, sede del Consejo Europeo. Fuente: https://www.consilium.europa.eu/es/contact/address/council-buildings/justus-lipsius-building/

El Consejo Europeo del 19 de marzo de 2026 se celebró en un contexto internacional que se encuentra marcado por la incertidumbre y una presión estratégica creciente. Los líderes de los Veintisiete evaluaron la situación global y fijaron las líneas estratégicas que orientarán las actuaciones internas y externas de la UE en los próximos meses.

            Las tensiones con aliados tradicionales, especialmente EEUU a raíz de la guerra de Irán, los debates sobre el gasto en defensa en el marco de la OTAN y la crisis abierta en torno a la situación de Groenlandia han reactivado el debate sobre la autonomía estratégica europea. Al mismo tiempo, los conflictos en Oriente Próximo y en Ucrania vuelven a poner a prueba la capacidad de la UE de actuar como un actor geopolítico coherente y fiable

            Por ello, este Consejo Europeo se convierte en un punto de inflexión: de las decisiones que se tomen dependerá la capacidad de la Unión para proyectar su estabilidad, coherencia y credibilidad en la escena internacional.

            El Consejo Europeo es la institución de la Unión Europea encargada de definir la dirección política general del bloque, según el artículo 15 del Tratado de la Unión Europea (TUE)[1]. Según su tenor literal: “definirá sus orientaciones y prioridades políticas generales”. No ejerce funciones legislativas, pero sus conclusiones configuran el marco estratégico que deberán desarrollar la Comisión, el Parlamento Europeo, el Servicio Europeo de Acción Exterior (SEAE) y el Consejo en los siguientes meses, hasta la próxima reunión[2].

            Las conclusiones del último Consejo Europeo estructuran las prioridades de los Veintisiete en tres ámbitos fundamentales.

  • Derecho internacional.

La UE ha reivindicado históricamente un orden internacional basado en normas, en el que la ONU tenga un papel preponderante en las relaciones entre Estados. Compromiso que se articula también en la defensa de sus valores fundacionales[3], entre los que destacan el respeto a los derechos humanos y al Estado de Derecho, que han definido las relaciones exteriores del bloque y sus miembros desde su fundación.

En un contexto marcado por la proliferación de focos de tensión, la coherencia entre valores y acción se convierte en un elemento esencial de credibilidad en la escena internacional. Por ello, el Consejo Europeo condena la acción de Irán contra varios países del Golfo Pérsico conforme a la Resolución 2817 del Consejo de Seguridad de la ONU[4]. Del mismo modo, y mostrando su coherencia normativa exige a Israel que detenga sus ataques sobre el Líbano y respete la integridad territorial de este último.

Las conclusiones suponen una reafirmación del compromiso de la UE con el multilateralismo y el papel central de la ONU, así como al respeto a los principios de soberanía, integridad territorial, independencia política y autodeterminación. Con ello se quiere mostrar en el exterior como un socio “previsible, fiable y fidedigno” en la esfera internacional.

  • Industria de defensa:

En los últimos años la deriva del orden internacional ha llevado a la UE a situar la autonomía estratégica como uno de sus objetivos prioritarios. Aunque el concepto no es nuevo —fue definido por el Consejo Europeo en noviembre de 2016 como la “capacidad para actuar de manera autónoma cuando y donde sea necesario y, en la medida de lo posible, con los países asociados”—, su importancia se ha revitalizado en el contexto actual. Varios líderes europeos, entre ellos el presidente francés Emmanuel Macron, han insistido en su importancia señalando que ni debe aparcarse ni puede estar a merced de los vaivenes políticos de EEUU[5].

En este sentido, una parte fundamental de este concepto es la industria de defensa. Los líderes europeos subrayan la necesidad de reducir las dependencias en sectores críticos y estratégicos. Para lograrlo reafirman su intención de incrementar la preparación de la defensa europea de ahora al año 2030. Para ello, se insta a los Estados miembros a aprovechar al máximo los instrumentos puestos en marcha, como el SAFE, con el fin de reforzar la base industrial de la defensa europea de manera que pueda acometer un suministro lo suficientemente rápido y estable de capacidades esenciales, especialmente ante escenarios de alta intensidad, como el de Ucrania.

El refuerzo de la industria debe ir acompañado de una mayor integración entre las industrias nacionales, facilitando el acceso transfronterizo a las cadenas de suministro de la defensa. Se acompaña un llamamiento a mejorar la movilidad militar entre Estados, como parte fundamental, —el llamado “Schengen militar”—, en el que ya está trabajando la Comisión Europea[6].

Todo este proceso se configura sin renunciar a la cooperación con aliados que comparten valores y principios con la UE, especialmente en el marco de la OTAN. El objetivo es el equilibrio entre el refuerzo de su autonomía estratégica y el mantenimiento de la colaboración estrecha con socios y aliados.

  • Ucrania:

El apoyo europeo a Ucrania se mantiene constante desde el inicio de la agresión rusa, al considerarse que afecta directamente a la seguridad del continente y los intereses de los Estados miembros. Sin embargo, no ha sido un apoyo unánime. Dos países del bloque, Hungría y Eslovaquia, se han mostrado en contra y han priorizado sus relaciones con Moscú. Esta situación entre los países del bloque ha llevado a que se tengan que adoptar unas conclusiones específicas suscritas por veinticinco Estados.

A pesar de la fractura, los Veinticinco signatarios reafirman su compromiso con el apoyo político, económico y militar a Kiev, con el objetivo de sostener su capacidad de resistencia frente a Moscú, mostrando así a la Unión como un socio fiable y previsible.

Los Veinticinco instan a Rusia a que acepte un alto el fuego total, incondicional e inmediato, buscando unas negociaciones que garanticen una paz justa y duradera. Se reafirman en la adhesión al Derecho internacional y a los principios de independencia, soberanía e integridad territorial como parte central de cualquier negociación. Asimismo, se muestran dispuestos a participar en las garantías de seguridad que se puedan ofrecer a Kiev.

En paralelo, se destaca la necesidad de mejorar la industria europea de defensa para que el apoyo militar llegue en el momento oportuno y con la intensidad necesaria. Se aumenta la presión sobre el Kremlin con la adopción de un nuevo paquete de sanciones —el vigésimo— con el objetivo de limitar su capacidad para sostener su esfuerzo en el conflicto. En este sentido, se insiste a terceros Estados a cesar cualquier ayuda que contribuya al mantenimiento de la maquinaria militar rusa.

La solución de adoptar conclusiones separadas vuelve a poner de manifiesto una de las debilidades estructurales de la UE: la exigencia de la unanimidad en política exterior. La oposición de dos Estados miembros ha obligado a recurrir a formatos reducidos, lo que limita la imagen de unidad y reduce la capacidad de decisión del bloque.

            La lectura de los tres ámbitos abordados y señalados por el Consejo Europeo permite establecer las líneas que guiarán la acción exterior de la UE en los próximos meses.

            En primer lugar, el respeto al Derecho Internacional y el compromiso con el multilateralismo confirma la voluntad de los Veintisiete de proyectar al bloque como un actor normativo coherente en el que las acciones y decisiones tomadas sean acordes con los principios y valores defendidos por la UE, a pesar del entorno internacional especialmente fragmentado. Con ello se pretende reforzar la credibilidad externa y la certidumbre de relacionarse con el bloque para los socios y aliados.

            En segundo lugar, el refuerzo de la base industrial europea se muestra como un eje estratégico y un objetivo estructural en las políticas de la UE. La coordinación e integración de las capacidades militares que buscan mitigar las dependencias en sectores críticos, así como el avance en el “Schengen militar” consolidan la autonomía estratégica como un pilar fundamental. La UE aspira a disponer de capacidades críticas propias para responder con mayor rapidez y eficacia en la esfera internacional, sin renunciar a la cooperación y coordinación con aliados tradicionales.

            Finalmente, la posición sobre Ucrania y la falta de consenso en torno a esta cuestión han vuelto a evidenciar las limitaciones institucionales y estructurales de la UE en política exterior. Salvar el escollo mediante conclusiones adoptadas por veinticinco Estados muestra la dificultad de mantener una posición común sobre ámbitos que actualmente son intergubernamentales. Esto condiciona la capacidad de la Unión para actuar con rapidez y coherencia en un escenario marcado por la volatilidad. Superar esta estructura y las barreras que presenta se perfila como un desafío vital para la política exterior común.

            Estas conclusiones del Consejo Europeo marcan el rumbo de la acción exterior de la UE en los próximos meses. Con ellas, la UE busca consolidarse como un actor previsible y alineado con sus principios, defensor del multilateralismo y del Derecho internacional. En este marco, ha condenado las acciones de Irán y ha instado a Israel a respetar la integridad territorial del Líbano, al tiempo que mantiene un apoyo firme y casi unánime a Ucrania.

No obstante, los límites de la autonomía estratégica han vuelto a hacerse visibles. A pesar de insistir en la coherencia normativa, las conclusiones no incluyen ninguna referencia a las acciones unilaterales de Estados Unidos en el inicio del conflicto en Irán, pese a su relevancia jurídica en el Derecho internacional. Esta omisión señala la dificultad de la UE para mantener posiciones plenamente alineadas con sus principios cuando se enfrenta a intereses de Washington y la necesidad de salvaguardar una relación estratégica fundamental para la seguridad europea y para la propia capacidad de actuación de la UE.

¿Podrá la UE desarrollar una autonomía estratégica suficiente que le permita distanciarse de Estados Unidos? ¿O seguirá condicionada por la relación transatlántica, incluso cuando aspire a defender plenamente su coherencia y sus principios?


[1] Versión consolidada del Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea, https://www.boe.es/doue/2010/083/Z00001-00388.pdf

[2] Se reúne en sesión ordinaria dos veces por semestre.

[3] Artículo 2 TUE.

[4] https://docs.un.org/es/s/res/2817(2026)

[5] “Europa en transformación: ¿la autonomía estratégica es posible); Fundación FAES; https://fundacionfaes.org/europa-en-transformacion-la-autonomia-estrategica-es-posible/

[6] “La Comisión avanza hacia un “Schengen militar” y en la transformación de la industria de defensa”; Comisión Europea; https://ec.europa.eu/commission/presscorner/detail/es/ip_25_2724

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Cristóbal de la Torre
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