
El deshielo y la politización del Ártico.
El Ártico es la región situada al norte del paralelo 66º, formada por el océano Ártico, grandes masas de hielo, archipiélagos como Groenlandia o Nueva Zembla y territorios continentales como Alaska o Siberia. Ocho Estados conforman este espacio —Estados Unidos, Canadá, Dinamarca, Suecia, Finlandia, Islandia, Noruega y Rusia—, una región extensa —21 millones de kilómetros cuadrados—, escasamente poblada —unos 4 millones de habitantes[1], con una densidad de población de unos 0,3 habitantes por km2— y rica en recursos naturales, energéticos y pesqueros.
En los últimos años se ha producido una reducción acelerada de la extensión del hielo marino en esta región, pasando en su punto mínimo de septiembre de 7 millones de km2 en 1979 a 4,74 millones en 2025. Desde 2007 se han registrado varios de los registros más bajos de la serie histórica, consolidando una tendencia de disminución acelerada que abre rutas marítimas antes inaccesibles y convierte el Ártico en un espacio de creciente interés geoestratégico.
El Consejo Ártico es el foro intergubernamental de cooperación entre los ocho estados árticos, creado por la Declaración de Ottawa de 1996. Su mandato se centra en la protección del medio ambiente, el desarrollo sostenible y la investigación científica[2], excluyendo cuestiones relativas a seguridad y defensa[3]. Durante más de dos décadas, este foro permitió mantener la región al margen de disputas geopolíticas, manteniéndola como una zona de baja intensidad política. La última reunión presencial se celebró en Reikiavik (Islandia) en mayo de 2021[4], antes de que la invasión de Ucrania y la suspensión de relaciones con Moscú por parte de los países occidentales paralizaran de hecho su funcionamiento y aceleraran la politización del Ártico.
En 2023 y 2024 se produjo un cambio significativo en la geopolítica del Alto Norte[5] con el ingreso de Suecia y Finlandia en la OTAN. Esto implica que siete de los ocho estados árticos pertenecen a la Alianza y cuatro de los cinco Estados ribereños son miembros de la OTAN, lo que le otorga una posición de dominio estructural y refuerza la percepción de amenaza de Moscú.
El “lago norte”: dominio estructural de la OTAN
La adhesión de Finlandia en 2023 y de Suecia en el año 2024 ha alterado de forma significativa el equilibrio estratégico del Alto Norte. Es la primera vez desde el final de la Guerra Fría que siete de los ocho Estados árticos —todos excepto Rusia— son miembros de la Alianza Atlántica y cuatro de los cinco estados ribereños del océano Ártico pertenecen a la OTAN. Este cambio otorga a la OTAN una posición de primacía estructural en la región, marcando una modificación estratégica de gran amplitud en la arquitectura de seguridad del Ártico.
La mayoría estructural de la Alianza se traduce en el control de los accesos estratégicos al Ártico. El estrecho de Bering, controlado por EEUU a través de Alaska, constituye el principal punto de entrada al Ártico desde el Pacífico y desde el que la Alianza proyecta vigilancia del Ártico central. El acceso al mar de Barents está controlado por Noruega, como punto más cercano a la Flota del Norte rusa. Groenlandia, donde se encuentran bases y sistemas de alerta temprana de EEUU y constituye el extremo norte del corredor GIUK[6]. Este corredor —entre Groenlandia, Islandia y Reino Unido— que es el paso obligatorio para cualquier buque ruso que pretenda acceder al Atlántico Norte.
Aunque es Rusia la que mantiene una ventaja militar superior en el interior del Ártico[7] en cuanto a infraestructura, el control de estos accesos permite a la OTAN integrar y distribuir capacidades avanzadas de vigilancia y alerta temprana. La base de Pittuffik, en Groenlandia, alberga radares estratégicos de alerta temprana con un alcance superior a 4000 km[8]. Los aviones de patrulla marítima P-8 Poseidon operan desde Islandia, Noruega y el Reino Unido con la misión principal de detectar los movimientos de submarinos nucleares rusos. A ello se suma la inversión de los aliados en capacidades ISR[9], en medios marítimos y sistemas no tripulados, así como la presencia de sensores submarinos en el corredor GIUK. Esta combinación de control de accesos y capacidades refuerza la posición de la Alianza en la vigilancia y seguimiento de la actividad de Moscú en el Alto Norte.
Este refuerzo de vigilancia continua sobre el Ártico ha dado lugar a la interpretación estratégica según la cual Noruega concibe un Ártico vigilado y progresivamente más difícil de disputar, configurando lo que diversos analistas denominan “lago norte”. No se trata de un concepto formal, sino de una metáfora operativa surgida en análisis estratégicos, sin carácter jurídico ni institucional. Su propósito es señalar un entorno sometido a vigilancia permanente que dificulte las acciones rusas.
El “lago norte” opera en tres elementos clave. En primer lugar, una vigilancia persistente por medio de sensores, radares, patrullas marítimas y control del corredor GIUK. En segundo lugar, la presencia militar continua en los principales accesos y rutas marítimas del Ártico. El resultado de la combinación de estas acciones es el tercer elemento: una Rusia más monitorizada y con mayores dificultades para actuar sin conocimiento de los Aliados. En definitiva, se busca un Ártico donde la OTAN ve antes, detecta antes y reacciona con mayor rapidez. Este concepto es el resultado de la primacía estructural de la OTAN, reforzada por la implicación de varios Estados miembros de la UE[10], lo que contribuye a mejorar la vigilancia, la estabilidad de la región y aumentar la disuasión.
La visión de un Ártico vigilado y difícil de disputar se materializa en las operaciones y ejercicios que los Aliados despliegan de forma regular en el Alto Norte. Entre estas actividades destacan:
-Arctic Sentry, concebida como operación multidominio con el objetivo de mantener una vigilancia reforzada que proporciona una visión completa de la actividad aliada en la región[11].
-Task Force X-Arctic, que actúa como complemento a la anterior integrando sistemas no tripulados en red para obtener información en múltiples dominios[12].
-Nordic Response, ejercicio bianual centrado en la integración aliada en tierra, mar y aire en condiciones climáticas extremas[13].
-Arctic Challenge, también bianual y orientado a fortalecer la capacidad de los Aliados de ejecutar operaciones aéreas multinacionales[14]
-Dynamic Mongoose, ejercicio anual dedicado a la guerra antisubmarina con participación de medios aéreos y marítimos de superficie[15].
En conjunto, estas actividades refuerzan la vigilancia que los Aliados mantienen sobre el Alto Norte mediante la integración multidominio —tierra, mar, aire y subsuelo—, y el entrenamiento en las condiciones climáticas extremas propias de la región. El resultado es una presencia continua de fuerzas de la Alianza que limita la libertad de acción de Rusia y consolida el Alto Norte como una frontera de competencia estratégica entre bloques.
La presencia permanente de fuerzas aliadas en el Ártico genera efectos directos sobre la libertad de acción de Moscú en la región. Aunque Rusia mantiene una infraestructura militar extensa en el interior del Ártico —submarinos nucleares, Flota del Norte, más de 50 bases y aeródromos, aproximadamente 150.000 efectivos[16]—, su capacidad de maniobra está condicionada por unos accesos marítimos y aéreos que están bajo la vigilancia y control de la OTAN. Esta situación otorga a la Alianza una ventaja estratégica en movilidad y alerta temprana que, de facto, le permite controlar las rutas marítimas surgidas por el deshielo. En consecuencia, el Alto Norte ha dejado de ser una región de baja tensión política para confirmarse como una frontera de competencia geopolítica entre bloques.
En su conjunto, la primacía estructural de la OTAN y su capacidad para sostener una vigilancia permanente consolidan una nueva arquitectura de seguridad que principalmente condiciona la actuación de Rusia y está redefiniendo el equilibrio estratégico en la región.
La estructura Ártica puede verse en la siguiente infografía.

El bloque euroasiático: Rusia, China y la Ruta de la Seda Polar.
En los últimos años, el Ártico se ha consolidado como un espacio de competencia entre las grandes potencias. Entre ellas destaca, como desafío a la hegemonía euroatlántica, la convergencia entre Rusia y China. La posición geográfica de Rusia le otorga el dominio del interior del Ártico euroasiático, lo que le permite controlar las rutas marítimas internas y desplegar una amplia infraestructura militar en torno a la península de Kola. A ello se suma la aparición de Pekín, que en 2018 se definió como Estado “cuasi-ártico”[17] y ha desarrollado una estrategia de inversiones de largo plazo en la región, especialmente en territorio ruso y en sectores energéticas. En conjunto, la dinámica cooperativa sino-rusa se muestra como un desafío a la primacía estructural de la OTAN, lo que obliga a la Alianza y a Europa a reforzar y mantener su presencia y coordinación en el Alto Norte.
Rusia
Rusia se consolida como la principal potencia ártica, al dominar más del 53% de la costa del océano Ártico[18], lo que le otorga una posición privilegiada en el Ártico euroasiático. El aumento de la competencia geopolítica en la región ha llevado a Moscú a reforzar y modernizar su presencia militar con un claro propósito disuasorio. Cuenta con más de 40 rompehielos, entre ellos 8 nucleares, y más de 50 bases y aeródromos, algunos reactivados desde la era soviética[19]. A ello se suma la Flota del Norte, dotada de submarinos de propulsión nuclear, los mencionados rompehielos y buques de superficie equipados con misiles de crucero de largo alcance. El núcleo operativo de este despliegue se sitúa en torno a la Península de Kola[20]. A todas estas capacidades se debe sumar la instalación de radares, sistemas de defensa aérea, capacidades antimisiles y sensores de alerta temprana que permiten sostener una defensa avanzada. Desde la perspectiva rusa, esta presencia permanente y capaz de operar en climas extremos refuerza su disuasión y constituye una línea de defensa frente a la actividad de la OTAN en la región.
La geografía rusa en el ártico permite que la Ruta Marítima del Norte (RMN) discurra casi en su totalidad por aguas territoriales y zona económica exclusiva bajo jurisdicción rusa, lo que otorga a Moscú el control directo sobre su gestión. Es una ruta que reduce los tiempos de navegación entre Asia y Europa, y se ha convertido en un proyecto estratégico de seguridad nacional para Moscú, al actuar como eje logístico de su estrategia económica y energética. La RMN es parte fundamental para la exportación de hidrocarburos del Ártico y para conectar los proyectos de gas natural licuado con los mercados asiáticos, especialmente con China, en un contexto en el que el Ártico supone entre un 15 y un 20% del PIB del país. Este control se complementa con determinadas actividades en la “zona gris”, como maniobras militares relámpago, perturbación de infraestructuras submarinas críticas e interferencia de GPS[21] entre otros, que ejercen presión sobre los miembros de la OTAN. El objetivo estratégico ruso es asegurar el control sobre la RMN como ruta principal hacia Asia para sus recursos energéticos y consolidar su influencia sobre el Ártico euroasiático.
China
La importancia de China en la región deriva de su condición de potencia revisionista que busca el liderazgo mundial y que busca aumentar su presencia en un entorno estratégico de creciente relevancia. Pekín es observador del Consejo Ártico desde 2013, aunque fue en 2018 cuando, en su Libro Blanco del Ártico, se definió como un Estado “cuasi-ártico”[22]. Su estrategia en la región persigue el reconocimiento como actor ártico legítimo[23] y su necesidad de ganar influencia como potencia marítima global. El eje central de la estrategia económica es la Ruta de la Seda Polar (RSP), como extensión de la Belt and Road Initiative en el Círculo Polar Ártico. La RSP permite reducir los tiempos de navegación entre Asia y Europa al evitar el Canal de Suez o el de Panamá, ofrece una alternativa a la posible interrupción del tránsito en el Estrecho de Malaca[24] y facilita el acceso a los abundantes recursos estratégicos del Ártico. Se trata de una estrategia de largo plazo coherente con el estatus de potencia global que Pekín aspira a consolidar.
La presencia China en el Ártico es dual, combinando actividades científicas con inversiones comerciales y energéticas. Pekín justifica su investigación polar con el objetivo de explorar y comprender el entorno ártico, aunque EEUU considera que parte de estas actividades tienen carácter de doble uso con posibles aplicaciones de inteligencia o militares[25]. China ha empleado medios diplomáticos —como ocurrió con Islandia en 2008— y ha impulsado inversiones en el sector energético y minero, muchas de las cuales se han materializado en Rusia. Pekín participa en proyectos de GNL como el Yamal LNG, donde posee alrededor del 30%, y el Artic LNG, del que controla cerca del 20%[26]. Además, ha utilizado la RMN para el tránsito de contenedores buscando consolidar una ruta comercial directa, regular y directa a través del Ártico.
La cooperación con Rusia es central, basada en intereses coincidentes, pero lejos de ser plena: China es esencial para Moscú en proyectos gasísticos y en el desarrollo de infraestructuras civiles y militares, mientras que Rusia proporciona el acceso a hidrocarburos y recursos estratégicos. Sin embargo, la relación es asimétrica: Pekín aspira a convertirse en potencia global y a ampliar la libre navegación al Ártico[27], mientras que Moscú busca mantener su hegemonía regional y limitar la influencia china en el Ártico euroasiático. La paralización del Power of Siberia 2, por el desacuerdo en el precio, ilustra esta tensión y señala la capacidad de negociación de Pekín frente a la necesidad rusa. En conjunto, la cooperación sino-rusa refuerza el bloque euroasiático y constituyen un desafío para la arquitectura occidental en la lucha entre bloques.
La UE en el Ártico: entre la ambición y la dependencia.
La UE debe ser entendida un actor con intereses directos en el Ártico, dado que tres de sus miembros —Suecia, Finlandia y Dinamarca, a través de Groenlandia— son Estados Árticos. En los últimos años, la política europea ha experimentado un cambio de paradigma: el Ártico ha pasado de ser ambiental y económico a convertirse en un vector esencia para la seguridad europea[28]. Sin embargo, en la actualidad el bloque carece del estatus de observador en el Consejo Ártico, lo que limita su capacidad de influencia. La región ha dejado de ser periférica y ha pasado a ser un eje de la estabilidad global: el deshielo y la apertura de rutas marítimas, el acceso a recursos estratégicos para la transición verde y la reducción de dependencias sobre hidrocarburos han situado al Ártico en el centro de las prioridades europeas. A ello se suma un aumento de la competencia geopolítica, marcado por la militarización rusa en la región, la creciente actividad china en torno a la RSP y el renovado interés de EEUU por Groenlandia.
Este contexto ha impulsado una respuesta conjunta por parte de los Estados miembros, como muestra la cumbre del E5 —Francia, Alemania, Reino Unido, Italia y Polonia—, donde las principales potencias militares europeas reforzaron la coordinación político-militar[29] y la ambición de avanzar hacia una mayor autonomía estratégica. Esta dinámica se ha visto consolidada en la cumbre de Ankara, en la que Europa asumió una mayor responsabilidad en defensa y aumentó significativamente su gasto militar, aunque buena parte de estas inversiones seguirán fluyendo hacia capacidades y empresas estadounidenses. El resultado es una Europa que se mueve, se coordina y refuerza el pilar europeo de la OTAN.
La relevancia del Ártico hace imprescindible una revisión de la Política Ártica, publicada por la Comisión Europea en 2021, tal y como ha solicitado el Parlamento Europeo[30]. El documento vigente ya no refleja la realidad estratégica actual: el Ártico ha pasado de ser un ámbito económico y ambiental a convertirse en un espacio de competencia geopolítica y de seguridad esencial para la zona euroatlántica. En este contexto, la UE debe trabajar en tres líneas de actuación. En primer lugar, reforzar su posición diplomática en el Alto Norte: obtener el estatus de observador en el Consejo Ártico, formalizando una presencia que hasta ahora solo ejerce de facto; intensificar la relación con países árticos aliados no miembros de la UE —Noruega, Islandia y Canadá—; y consolidar su papel en Groenlandia, respaldado por el aumento de 530 millones de euros para el marco financiero plurianual 2028-2034[31]. Esta dimensión diplomática es clave para equilibrar la influencia de Rusia, China y Estados Unidos en la región, especialmente en el caso groenlandés.
En segundo lugar, debe impulsar su industria de defensa para obtener las capacidades necesarias que permitan sostener una presencia estratégica en el Ártico. Esto implica aumentar la flota de rompehielos, actualmente limitada[32]; desarrollar infraestructura logística adaptada al clima extremo y generar capacidades avanzadas en vigilancia, inteligencia y reconocimiento, así como sensores y radares de vigilancia persistente. Aunque Europa dispone de capacidades en ISR, patrulla marítima y vigilancia aérea, no alcanzan la escala ni la persistencia necesarias que requiere operar en el Alto Norte. Las capacidades críticas —ISR estratégico, patrulla marítima de largo alcance, plataformas HALE y vigilancia persistente— sieguen siendo fundamentalmente estadounidenses, lo que limita la autonomía estratégica europea.
Esta situación define una paradoja estructural: la UE se exige a sí misma un liderazgo geopolítico en el Ártico, pero ese liderazgo depende de capacidades que no controla. El Ártico se ha convertido en la nueva frontera geopolítica de competencia entre potencias. La UE aspira a desempeñar un papel relevante en la región, pero su autonomía estratégica se encuentra condicionada por la falta de capacidades europeas en ámbitos clave y por la falta de política exterior común. Los próximos años serán decisivos para determinar si Europa puede transformar esta ambición de actuar en el Ártico en influencia real.
Conclusiones: El Ártico como espejo de la lucha por la hegemonía.
El cambio climático ha acelerado el deshielo del Ártico, transformándolo en un espacio accesible donde emergen nuevas rutas marítimas más eficientes, yacimientos de recursos estratégicos y oportunidades de actuación que contribuyen a reconfigurar el orden mundial. La región ha dejado de ser un ámbito de baja tensión política y cooperación científica para convertirse, por efecto directo de la transformación física acelerada, en un escenario de confrontación geopolítica entre bloques que anticipa las dinámicas de poder de la próxima década.
La ampliación de la OTAN ha consolidado un cambio profundo en la arquitectura de seguridad del Alto Norte, otorgando a la Alianza una primacía estructural. La OTAN controla los accesos, Rusia domina el interior y China busca ganar presencia y moldear el entorno ártico; ambas buscan limitar la capacidad de acción de la Alianza y reforzar un bloque euroasiático de intereses convergentes. El Ártico se ha convertido en un núcleo de competencia sistémica en la que la presencia militar, la infraestructura y la tecnología avanzada determinan la relevancia y la influencia.
El Ártico se ha mostrado como una región imprescindible para la seguridad euroatlántica. La UE ha elevado su ambición y ha iniciado una dinámica de mayor coordinación político-militar —como refleja la cumbre del E5—, orientada a reforzar el pilar europeo de la OTAN y a consolidar su papel en un espacio de creciente importancia estratégica. Sin embargo, esta aspiración se topa con la realidad de las capacidades limitadas y dependientes de tecnología estadounidense. Esta dependencia expone las limitaciones europeas: falta de política exterior común, reducido peso diplomático y fragmentación entre Estados miembros. Europa quiere ser un actor relevante, pero carece de los elementos necesarios —capacidades críticas, política exterior en bloque y fuerza diplomática—, lo que revela la distancia que existe entre la ambición europea y la capacidad operativa real.
El Ártico anticipa la rivalidad geopolítica de la próxima década: la lucha por la hegemonía mundial entre China y EEUU y la competencia sistémica entre bloques. En este entorno se entrecruzan la disputa por el control de rutas estratégicas, el despliegue de tecnologías avanzadas y la consolidación de modelos de disuasión integrada. Es el laboratorio del orden internacional emergente, donde se prueban capacidades, estrategias y arquitecturas de poder. En este escenario, la confrontación entre bloques se manifiesta con especial claridad.
Aquí es donde Europa se enfrenta a una decisión estratégica: ser actor o convertirse en un espacio dependiente dentro de la arquitectura de poder occidental. Si aspira a ser relevante, deberá transformar su ambición en capacidades, diplomacia y decisiones audaces; de lo contrario quedará relegada a un papel subordinado. En última instancia, Europa debe decidir entre presencia o dependencia, y esa elección definirá su papel en el orden mundial que se está configurando.
El Alto Norte demuestra que no es solo una frontera geográfica o un ámbito de investigación científica: es una frontera del poder y de la lucha por la hegemonía. De las decisiones y acciones de cada actor en los próximos años dependerá el control del Ártico y la forma del orden internacional que está emergiendo. El Ártico es el primer territorio donde se manifiesta esta competencia: lo que allí se decida anticipará cómo se configurarán las demás fronteras estratégicas del siglo XXI.
[1] “Reto #4 – Poblaciones indígenas del Ártico”; ICM DIVULGA; https://icmdivulga.icm.csic.es/arctic-mon-reto-4/
[2] “IEEE. Geopolítica y relaciones de poder en el Ártico”; M. MARTÍNEZ PRIETO; https://www.defensa.gob.es/ceseden/-/ieee/geopolitica-relaciones-de-poder-en-artico
[3] “El Ártico: ¿de la cooperación al conflicto?”; A. CASTELLVÍ AUVÍ Y OTROS; https://www.ieee.es/Galerias/fichero/docs_trabajo/2022/DT02_2022_Artico.pdf
[4] “Países del Consejo Ártico suspenden sus reuniones por la Guerra de Ucrania”; EFE; https://www.swissinfo.ch/spa/pa%C3%ADses-del-consejo-%C3%A1rtico-suspenden-sus-reuniones-por-la-guerra-en-ucrania/47400082
[5] “La geopolítica helada: un tablero de ajedrez en expansión en el Ártico (I)”; L. MARTÍN; https://www.atalayar.com/articulo/reportajes/geopolitica-helada-tablero-ajedrez-expansion-artico-i/20250523181610215046.html
[6] “El resurgimiento de la importancia estratégica del GIUK Gap”; G. VÁZQUEZ ORBAICETA; https://www.ieee.es/Galerias/fichero/docs_opinion/2023/DIEEEO49_2023_GONVAZ_Artico.pdf; “Línea imaginaria entre Groenlandia, Islandia y Reino Unido”.
[7] “Presencia militar en el Ártico: actores, bases y capacidades”; AGENZIA NOVA; https://www.agenzianova.com/es/news/la-presenza-militare-artico-attori-basi-e-capacita/
[8] “Así es Pituffik, la base espacial que EEUU usa en Groenlandia para vigilar misiles enemigos y que visitarán este viernes Vance y su mujer”; C. LIZARRALDE; https://www.20minutos.es/internacional/base-espacial-de-pituffik-el-trozo-de-eeuu-en-groenlandia-que-va-a-visitar-el-vicepresidente-de-trump-5694681/
[9] Inteligencia, vigilancia y seguimiento.
[10] “Los aliados europeos de la OTAN avanzan para cubrir el hueco de EEUU con misiones en el Atlántico Norte y el Ártico”; M. R. SAHUQUILLO; https://elpais.com/internacional/2026-07-08/los-aliados-europeos-de-la-otan-avanzan-para-cubrir-el-hueco-de-ee-uu-con-misiones-en-el-atlantico-norte-y-el-artico.html
[11] “Centinela Ártico”; OTAN; https://shape.nato.int/operations/operations-and-missions/arctic-sentry
[12] “La OTAN lanza la Task Force X-Arctic para reforzar el conocimiento de la situación en el Ártico y el Alto Norte”; OTAN; https://www.nato.int/en/news-and-events/articles/news/2026/06/06/nato-launches-task-force-x-arctic-to-strengthen-awareness-in-the-arctic-and-the-high-north
[13] “Cold Response 2026: Más de 30000 efectivos de 14 naciones participan en un ejercicio de defensa de la región nórdica septentrional”; A. EDVARDSEN; https://en.highnorthnews.com/politics/cold-response-2026-over-30000-from-14-nations-exercise-defending-the-northern-nordic-region/1106150
[14] “Ejercicio Arctic Challenge 2023: 150 aeronaves entrenarán en el Ártico”; A. EDVARDSEN; https://en.highnorthnews.com/politics/arctic-challenge-exercise-2023-150-aircraft-will-train-in-the-high-north/207918
[15] “La OTAN caza submarinos en el Atlántico Norte en el marco de Dynamic Mongoose 26”; J. MAIZ; https://www.defensa.com/defensa-naval/otan-caza-submarinos-atlantico-norte-marco-dynamic-mongoose-26
[16] “Rusia refuerza su Ejército en el Ártico y lo presenta como “defensa”: la realidad detrás de la narrativa de Moscú”; REDCASTRENSE; https://redcastrense.com.ar/nota/2972/rusia-refuerza-su-ejercito-en-el-artico-y-lo-presenta-como-defensa-la-realidad-detras-de-la-narrativa-de-moscu/
[17] “China en el Ártico”; O. ALÁEZ FEAL; https://global-strategy.org/china-en-el-artico/
[18] “El Ascenso Geopolítico del Ártico: Factores y Dinámicas en Juego”; M. REMIRO SORIANO; https://www.defensa.gob.es/documents/2073105/2320887/Artico_2025_dieeeo65.pdf/8094dbfb-99b0-b8a2-9572-5220a3667ea3?t=1756898162558
[19] “Rusia a la conquista del Ártico”; REVISTA EJÉRCITOS; https://www.revistaejercitos.com/focus/seguridad-maritima/rusia-a-la-conquista-del-artico/
[20] “Groenlandia y el Ártico como espacios clave del pensamiento estratégico ruso”; M. MILOSEVICH-JUARISTI; https://www.realinstitutoelcano.org/comentarios/groenlandia-y-el-artico-como-espacios-clave-del-pensamiento-estrategico-ruso/
[21] “La guerra por el Ártico ya es una realidad: EEUU prepara una gran flota de rompehielos para hacer frente a Rusia y China”; M. BECEDAS y V. NIEVES; https://www.eleconomista.es/economia/noticias/13205274/02/25/la-guerra-por-el-artico-ya-es-una-realidad-eeuu-prepara-una-gran-flota-de-rompehielos-para-hacer-frente-a-rusia-y-china.html
[22] Nota al pie 17 y 18
[23] “IEEE. China. Visión y perspectiva de la Región Ártica”; J.M. PARDO DELGADO; https://www.defensa.gob.es/ceseden/-/ieee/china_vision_y_perspectiva_de_la_region_artica
[24] “China en el Ártico, el replanteamiento de su estatus como potencia global”; F. AZNAR FERNANDEZ-MONTESINOS; https://www.defensa.com/opinion/china-artico-replanteamiento-estatus-como-potencia-global
[25] “China comienza a reactivar proyectos científicos terrestres en el Ártico tras sufrir algunos contratiempos”; M. LIPIN; https://www.voanews.com/a/china-begins-to-revive-arctic-scientific-ground-projects-after-setbacks-/6860756.html
[26] “Geoeconomía de China en el Ártico”; P. CREUS; https://www.lisanews.org/internacional/geoeconomia-de-china-en-el-artico/
[27] Nota al pie 17.
[28] “El Parlamento Europeo obliga a la UE a abordar la seguridad en el Ártico”; G. DANNIEEL y M.A. CONINSX; https://egmontinstitute.be/the-european-parliament-compels-the-eu-to-address-arctic-security/
[29] “Las 5 mayores potencias militares europeas cierran filas en Berlín antes de la cumbre de la OTAN”; L. BERTUZZI; https://es.euronews.com/my-europe/2026/06/24/las-5-mayores-potencias-militares-europeas-cierran-filas-en-berlin-antes-de-la-cumbre-de-l
[30] Nota al pie 28.
[31] “La Unión Europea se suma a la pelea geopolítica por la ruta comercial ártica”; G. LORY; https://es.euronews.com/my-europe/2025/09/08/la-union-europea-se-suma-a-la-pelea-geopolitica-por-la-ruta-comercial-artica
[32] “¿Qué tienen que ver los rompehielos con el futuro de la infraestructura de comunicaciones globales? Más de lo que podrías pensar”; POLAR CONNECT; https://polarconnect.net/what-do-icebreakers-have-to-do-with-the-future-of-global-communications-infrastructure-more-than-you-might-think/
