
La interdependencia estratégica es la situación en la que dos o más Estados mantienen una relación estructural basada en flujos críticos cuya continuidad condiciona su capacidad de decisión. Esta relación implica una dependencia recíproca en ámbitos esenciales —como la economía o la seguridad— que delimita el margen de maniobra de cada uno de los estados dentro del orden internacional.
En este vínculo, cada actor afronta una vulnerabilidad sistémica derivada de la posible interrupción de los flujos esenciales. Sin embargo, aunque compartida es potencialmente asimétrica. Esta asimetría permite orientar o moldear decisiones del otro mediante el control o gestión de dichos flujos, convirtiendo la interdependencia en una palanca de poder geopolítico. Al mismo tiempo, la relación define el grado de autonomía de cada actor, es decir, su capacidad para modificar o reconfigurar estos flujos críticos sin asumir riesgos excesivos.
La relevancia de esta relación radica en que constituye una condición estructural del orden internacional contemporáneo, marcada por la competencia y la necesidad de preservar autonomía de decisión. Por ello, exige gestionar el vínculo manteniendo el equilibrio, diversificando los flujos críticos para reducir vulnerabilidades, pero evitando fracturas que comprometan la estabilidad del propio vínculo.

Gracias Cristobal por tanta información tan valiosa para los que nos gusta la geopolítica.
Un abrazo.
Gracias Ángel por seguirnos y leernos siempre.
Un saludo!